miércoles, 10 de enero de 2018

Palabras de J. Berger



Lo que más me reconcilia con mi propia muerte es la imagen de un lugar; un lugar en el que tus huesos y los míos sean sepultados, tirados, desenterrados juntos.  Allí estarán desperdigados en confuso desorden. Una de tus costillas descansa sobre mi cráneo. Un metacarpio de mi mano izquierda yace dentro de tu pelvis. (Como una flor, recostado en mis costillas rotas, tu pecho.)  Los cientos de huesos de nuestros pies, esparcidos como la grava.  No deja de ser extraño que esta imagen de nuestra proximidad, que no representa sino mero fosfato de calcio, me confiera un sentimiento de paz.  Pero así es.  Contigo puedo imaginar un lugar donde ser fosfato de calcio es suficiente. 

J. Berger

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