viernes, 5 de mayo de 2017

He cambiado, un amor me ha cambiado.




Dios me regaló mi sueño
y la vida lo tornó en pesadilla.
No hay culpables ni inocentes,
solo un enorme desierto
repleto de un dolor ya conocido
a quien me niego dar la bienvenida.

Ya no puedo verle;
la tormenta de arena me golpea con dureza;
duele la piel, duele el vacío de su ausencia,
escuecen los ojos secos del todo, ya por hoy.

La ocuridad se cierne dentro de mí:
donde antes nació el amor
residen la ira, el resentimiento, las dudas.
No quiero ser así.
He perdido mi inocencia.

La dulzura se ha ido, he cambiado;
ya no soy una ingenua.
En mi camino a mi no retorno
el remedio es aprender a quererme
sin un hombre a mi lado.

No puede salvarme mi viejo amor;
nadie puede, aunque le ame...
Solo yo puedo salir de este abismo
en el que me dejé caer...

Sé bien que no me ama.

El desierto huele a flores recién cortadas
destinadas a otra mujer.

Ya no existo en su vida;
tengo que construirme la mía:
nuevas ilusiones, nuevas metas,...,
¡todavía estoy devastada!
La vida empieza al levantarse,
cada paso es un comienzo:
Adiós, amor, adiós para siempre.