viernes, 5 de mayo de 2017

He cambiado, un amor me ha cambiado.




Dios me regaló mi sueño
y la vida lo tornó en pesadilla.
No hay culpables ni inocentes,
solo un enorme desierto
repleto de un dolor ya conocido
a quien me niego dar la bienvenida.

Ya no puedo verle;
la tormenta de arena me golpea con dureza;
duele la piel, duele el vacío de su ausencia,
escuecen los ojos secos del todo, ya por hoy.

La ocuridad se cierne dentro de mí:
donde antes nació el amor
residen la ira, el resentimiento, las dudas.
No quiero ser así.
He perdido mi inocencia.

La dulzura se ha ido, he cambiado;
ya no soy una ingenua.
En mi camino a mi no retorno
el remedio es aprender a quererme
sin un hombre a mi lado.

No puede salvarme mi viejo amor;
nadie puede, aunque le ame...
Solo yo puedo salir de este abismo
en el que me dejé caer...

Sé bien que no me ama.

El desierto huele a flores recién cortadas
destinadas a otra mujer.

Ya no existo en su vida;
tengo que construirme la mía:
nuevas ilusiones, nuevas metas,...,
¡todavía estoy devastada!
La vida empieza al levantarse,
cada paso es un comienzo:
Adiós, amor, adiós para siempre.

jueves, 6 de abril de 2017

El baile






No puedo creer que suene esta canción y me mire así. Se levanta y me toma de la mano sacándome a bailar. No soy buena bailarina y no me gusta ser el centro de atención, pero esta noche no me importa: soy más feliz que cualquier otro día y no siento vergüenza, sino cierto mareo y una felicidad absoluta. Vuelvo la cabeza y veo a mi madre contenta y luego le miro a él, su mirada intensa como aquella primera vez..., es entonces cuando me dejo llevar completamente. No me importa quién hay alrededor y quién no.


No puedo creer que sea el día de mi boda. Nunca pensé que me casaría. Nadie nunca lo creyó, y sin embargo están todos aquí. Parece que la música ha hechizado a los escasos invitados y el silencio y la paz se ciernen en el ambiente: por una vez todos parecen sonreír. Es la magia del mar: el olor a salitre y el rítmico sonido de las olas.  Por fin, pensé....

Ya sí me acerco y le ofrezco mi ramo a la novia de Isra y después de darle un beso a mi niño, me abandono a mi marido y le abrazo con fuerza, pasándole los dos brazos por encima de sus hombros, notando sus manos en mi talle. Me susurra algo al oído y vamos recordando cada momento en que nos hemos reído tanto desde que nos conocimos, lo que nos provoca más risa...Lo hemos superado todo; por fin estamos aquí..., nos ha costado tanto llegar...

El poder del mar es infinito. Las luces de las antorchas en la playa me deslumbran y no acierto a poner bien los pies en la arena. Es ya bastante tarde.


Ha empezado a llover y no podemos separarnos ni un milímetro. Todos están buscando donde resguardarse, menos nosotros, hasta que ha acabado la canción y hemos corrido a donde están los demás para despedirnos con prisas e irnos riendo a cualquier otra parte que implicase estar solos. Esta fiesta sería para dos.


Me coge de la mano fuertemente y noto cómo se me resbala de entre mis dedos por la humedad, de repente algo va mal y no sé por qué, su mano ya no está en la mía, le llamo y un trueno suena fuertemente.....


Me he despertado bruscamente incorporándome sobre la cama. Con los ojos bañados en lágrimas comprendo que ha sido todo un sueño y que mi inconsciente me ha jugado otra mala pasada. Hace apenas pocos días que me dejó. Nunca hubo boda, ni baile, ni antorchas ni mar junto a él.

Tal vez nunca más le vea. Siento una nueva y conocida punzada de dolor.

Lloro desconsoladamente y me levanto para prepararme un té y así empezar el día después de lavarme la cara en el baño. No quiero ni mirarme en el espejo.

He cambiado, un amor me ha cambiado.

Dios me regaló mi sueño y la vida lo tornó en pesadilla. No hay culpables ni inocentes, solo un enorme desierto repleto de un dolo...