jueves, 6 de abril de 2017

El baile






No puedo creer que suene esta canción y me mire así. Se levanta y me toma de la mano sacándome a bailar. No soy buena bailarina y no me gusta ser el centro de atención, pero esta noche no me importa: soy más feliz que cualquier otro día y no siento vergüenza, sino cierto mareo y una felicidad absoluta. Vuelvo la cabeza y veo a mi madre contenta y luego le miro a él, su mirada intensa como aquella primera vez..., es entonces cuando me dejo llevar completamente. No me importa quién hay alrededor y quién no.


No puedo creer que sea el día de mi boda. Nunca pensé que me casaría. Nadie nunca lo creyó, y sin embargo están todos aquí. Parece que la música ha hechizado a los escasos invitados y el silencio y la paz se ciernen en el ambiente: por una vez todos parecen sonreír. Es la magia del mar: el olor a salitre y el rítmico sonido de las olas.  Por fin, pensé....

Ya sí me acerco y le ofrezco mi ramo a la novia de Isra y después de darle un beso a mi niño, me abandono a mi marido y le abrazo con fuerza, pasándole los dos brazos por encima de sus hombros, notando sus manos en mi talle. Me susurra algo al oído y vamos recordando cada momento en que nos hemos reído tanto desde que nos conocimos, lo que nos provoca más risa...Lo hemos superado todo; por fin estamos aquí..., nos ha costado tanto llegar...

El poder del mar es infinito. Las luces de las antorchas en la playa me deslumbran y no acierto a poner bien los pies en la arena. Es ya bastante tarde.


Ha empezado a llover y no podemos separarnos ni un milímetro. Todos están buscando donde resguardarse, menos nosotros, hasta que ha acabado la canción y hemos corrido a donde están los demás para despedirnos con prisas e irnos riendo a cualquier otra parte que implicase estar solos. Esta fiesta sería para dos.


Me coge de la mano fuertemente y noto cómo se me resbala de entre mis dedos por la humedad, de repente algo va mal y no sé por qué, su mano ya no está en la mía, le llamo y un trueno suena fuertemente.....


Me he despertado bruscamente incorporándome sobre la cama. Con los ojos bañados en lágrimas comprendo que ha sido todo un sueño y que mi inconsciente me ha jugado otra mala pasada. Hace apenas pocos días que me dejó. Nunca hubo boda, ni baile, ni antorchas ni mar junto a él.

Tal vez nunca más le vea. Siento una nueva y conocida punzada de dolor.

Lloro desconsoladamente y me levanto para prepararme un té y así empezar el día después de lavarme la cara en el baño. No quiero ni mirarme en el espejo.